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La mística de una selección

Gary Lineker, en alguna que otra charla futbolera con los medios, dijo una vez cuando le preguntaban que era el fútbol. Y aquel goleador inglés dijo que el fútbol “es un deporte en el que juegan once contra once durante 90 minutos y al final siempre gana Alemania”. SI intentáramos trasladar esta definición al basquetbol podríamos decir que en el básquetbol de FIBA Américas, hace una década y media casi, “si está Scola, lo más probable es que gane Argentina”.
Lo que sucedió anoche en el Palacio de los Deportes del DF mexicano es muy probable que muchos lo incluyan como una de las victorias más importantes del deporte argentino. Sin embargo, y en el caso que así sea, ¿en qué lugar la ubicamos?
Cuando estos chicos comenzaron a gestar esta historia, en el año 1997 con el Mundial U22 en Australia, nadie imaginaba a donde se llegaría ni como.
Hay que ser absolutamente realistas. SI bien estábamos ante una generación de jugadores notables, soñar por ejemplo con una medalla de oro en un JJOO parecía una quimera. Ese lugar era solo para los EEUU y las desaparecidas Yugoslavia y URSS.
De hecho, hasta los ’80 y ’90, clasificar era casi una quimera y cuando se logró (1980) un boicot a los JJOO de Moscú, dejo afuera a nuestra Selección.
Pero el mundial de Indianápolis fue el primer toque de alerta al mundo del básquetbol: la Argentina llegaba para posicionarse en un lugar que no iba a querer dejar así nomás. Ni hablar cuando se colgaron la medalla de oro en Atenas 2004.
Y esa generación de chicos fue creciendo, madurando y retirándose también. Pero ya se había generado una mística, una forma de vida en lo que a la selección se refiere.
Días pasados, conversando con el profesor Trifón Poch, el español que dirige a Obras Basket, nos confiaba el porqué le gustaban los jugadores argentinos: “tienen un altísimo nivel de competitividad. Ellos no pierden partidos, tú debes ganárselos”.
Por eso cuando decíamos al principio donde ubicamos el triunfo de anoche, tendríamos que remontarnos por ejemplo al Preolímpico de 2007, lleno de bajas y con Prigioni llegando solo dos días antes del torneo. Y a eso sumémosle que los dos primeros juegos, se perdieron. Sin embargo, al final, la alegría nuevamente fue argenta con Scola, Delfino y el base cordobés como líderes.
Y también se los daba por muertos en el Premundial de Caracas 2013. Y si bien había cuatro plazas en disputa y solamente Luis Scola de la vieja guardia, el equipo demostró que estaba para clasificar, y lo hizo.
Y si bien el Mundial de España en el 2014 dejó un trago amargo por la eliminación “prematura” en octavos ante Brasil, el recambio estaba en marcha.
Y hay que ser claros en esto, No es cuestión de buscar al “nuevo Scola” o al “nuevo Ginóbili”. Pasa por buscar a los que entiendan que se generó un ADN de esta selección, comprenderlo y ejecutarlo.
Y la llegada de los nuevos, como Facundo Campazzo, Nicolás Laprovittola, Patricio Garino, Marcos Mata, Selem Safar, Marcos Delía, Nicolás Richotti, Gabriel Deck, por citar solo algunos, iba dando la talla de lo que se vendría.
Contagiados por Luis Scola y Andrés Nocioni y llevados con mano maestra por Sergio Hernández y su cuerpo técnico con Gonzalo García, Silvio Santander y Nicolás Casalanguida, los pibes no solo estuvieron a la altura sino que hasta rindieron algo más de lo esperado.
Campazzo es ya decididamente el base de esta selección por varios años más. Patricio Garino es una aparición impactante y de enorme futuro.
Y queda aún en el tintero la recuperación de Carlos Delfino, uno de los históricos a los que este grupo con los brazos abiertos, a Luca Vildoza, con sus 18 años esperando la chance que esta vez se le truncó por una lesión.
Pero independientemente de los talentos individuales, todos, absolutamente todos, han entendido cual es el camino, la ruta, la manera de entender esto. Y lo han ejecutado.
Y como si esto fuera poco, este Preolímpico también nos entregó la clasificación de Venezuela, de la mano de un enorme Néstor “Che” García. El bahiense les cambió la cabeza a los venezolanos, los hizo defender y alejarse de aquel estilo centroamericano de solamente correr y tirar. Y dio sus frutos: Venezuela a los Juegos.
Y no es casual ya que el entrenador argentino también es parte de esta década y media de emociones ya que fue asistente de Julio Lamas en Mar del Plata 2011. Y si quieren sumémosle si quieren a Adrián Capelli en Uruguay logrando que la selección charrúa crezca con respecto a años anteriores.
Es verdad que aún falta la final esta noche ante los venezolanos pero ambos saben que lo más importante ya está abrochado. Pero como alguna vez dijo Lamas, “una cosa es clasificar y otra es salir campeón”.
¿Alguien duda que irán por ello?
Foto: FIBA Américas

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