Internacional

SAS, un anillo al buen gusto

(Opinión) El quinto anillo que consiguió SAS anoche no solamente trae un trofeo más a las vitrinas de los texanos. Lo más importante es que muestra claramente lo que significa el básquetbol en su estilo más puro y resume lo importante del trabajo en grupo. Que San Antonio haya salido campeón no es solamente un logro muy importante: es un enorme acto de justicia hacia el trabajo en equipo.
La historia escrita en el papel y en los diversos medios dirá que un 15 de julio de 2014 San Antonio Spurs ganó su quinto título de NBA. Pero seguramente habrá muchos lugares donde también se plasme el cómo lo logró. Y es ahí donde debemos detenernos para entender que es lo que realmente significa este logro.
El básquetbol, desde su concepción, es un juego de equipo. Si analizamos las estadísticas que se llevan en un juego queda más que clara la importancia de esa idea original. Hasta que llegó la NBA.
La liga más importante del mundo se caracterizó siempre por el show, eso que los norteamericanos saben armar mejor que nadie. Y así pasaron los años, los equipos y las estrellas que brillaron, desde Wilt Chamberlain hasta Michael Jordan, pasando por Magic Johnson, Kareem Abdul Jabaar, Larry Bird y, en menor escala Kobe Bryant y LeBron James.
Un dato que remarca claramente lo que decimos fueron los Chicago Bulls de Jordan quienes ganaron su anillo derrotando a los Jazz 4-2 sin un base natural y sin un pivote natural. Es cierto, casi todo lo hacía Jordan, pero el salido de Carolina del Norte fue único y rompió todos los libros. Todavía siguen buscando a su sucesor y está claro, no lo encuentran.
Justamente a la temporada siguiente de este logro de los Toros, San Antonio Spurs conseguía su primer logro derrotando 4-1 en la serie a los New York Knicks apareciendo en escena el dúo de las «Torres gemelas» con un muy jovencito Tim Duncan (fue MVP de esas finales) y el Almirante Robinson, guiados desde la banca por un entrenador con sangre balcánica (padre serbio, madre croata) pero nacido hace 65 años en Indiana. Nacía una dinastía.
En la temporada 2001/2002 llegaba del París Basket Racing un belga nacionalizado francés: Tony Parker y una temporada después, el nacido en bahía Blanca, Emanuel Ginobili, quin militaba en el Kinder Bolonia.
Junto a las Torres Gemelas, estos dos jugadores conseguirían el segundo anillo de la franquicia y se daba el retiro de Robinson. Allí nacía el tridente mas ganador de la historia de play off en la NBA. Nada menos.
Siguieron los anillos de la 2004/2005 y de la 2006/2007. NO había límites para e hambre de la franquicia.
Pero llegaron algunos sinsabores. En una temporada, luego de ser número uno de la fase regular, caían en primera ronda de post temporada ante Dallas. Y llegaban las finales perdidas ante Miami. La «cátedra» daba por «viejos» al tridente y al equipo en general mas allá de los aportes de nuevos aires de Leonard y Thiago entre otros.
Pero está caro que en el bagaje de Pop había de todo y en especial, confianza en su plantilla. Sus jugadores no solo le creen: lo respetan y obedecen a rajatabla. El mejor ejemplo es Ginóbili: el argentino es uno de los tres mejores jugadores FIBA del planeta y estrella en la NBA. En San Antonio es sexto hombre y jamás hay una queja. Ginóbili es titular en cualquier equipo, sin embargo en SAS es suplente. Y a nadie se le cae una queja.
Y para esta temporada, quizás la última del tridente en esplendor SAS tenía mucho por decir. Querían un anillo para demostrar que nada estaba terminado. Pero no solo eso: tenían algo mas para mostrar. Y vaya si lo han hecho.
En fase regular dominaron de puta a punta quedándose con el número uno. En play off superaron algunas dificultades hasta llegar a final de conferencia donde se toparon con la máquina atlética y joven de Oklahoma, con el MVP de fase regular y todo. Y San Antonio lo resolvió con carácter en el sexto juego. Lo esperaba Miami, el candidato de todos.
Los texanos desplegaron en esta serie, más allá del partido perdido (el segundo) un juego estelar, lleno de lujos bien entendidos. Por momentos la pelota parecía la de un flipper: iba y venía de un lado a otro si que el rival pudiera solamente mirar y ver como inexorablemente esa acción se convertía en conversión.
Históricamente la NBA fue acción, fue show, fue espectáculo. SAS era la franquicia con menor rating en TV para las finales y menospreciaban su juego. Ese juego que llevó a una selección como la Argentina a derrotar dos veces al Dream Team, una vez en un Mundial y otra en Juegos Olímpicos.
Por momentos San Antonio vapuleó a Miami que no encontraba los caminos. Y ese vapuleo se daba, muchas veces, con tridente texano en cancha o sin tridente. Podría estar Duncan con Diaw o con Splitter. O Parker con Green o Ginóbili. O Leonard. O entraba Mills y taladraba. Y Bonner, cuando entraba, parecía un señor de mil batallas de play off. O Boris Diaw que, hasta el cuarto juego hacía sospechar que se llevaría el MVP.
Desde el tercer juego dio la sensación que la serie se la llevaría SAS cuando quisiera y por lo que quisiera. Cuando SAS ganó el cuarto juego dio la sensación que no solo en basquetbol superaba a su rival: también lo había quebrado anímicamente.
Y como si esto fuera poco, Miami arrancó en el último juego 19-5. Parecía que el enojo de LeBron James torcería la historia. Pero Pop mandó a Manu a la cancha y el hombre mas hambriento de la franquicia empezó a torcer la historia. SAS clavó un parcial de 20–2 y ahí si se terminó todo. Solamente faltaba saber la diferencia final para el festejo texano.
Un festejo harto merecido desplegando lo mejor que puede ofrecer este deporte: altísimo vuelo en la tarea en equipo, solidaridad defensiva, alto porcentaje en ofensiva, rotación impecable de nombres y roles y nadie que quiera ser estrella. De hecho, Leonard fue MVP y bien podría haber sido Ginóbili, o Duncan o el mismo Diaw.
Que San Antonio Spurs se haya llevado el anillo esta temporada es, indudablemente, un enorme acto de justicia.
Alejandro Sonich
@alejosonich
@lazonapintada
 

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